Maelür

25/04/2014

Anteriormente a la Era del Hundimiento, la parte inferior de Nydiryah estaba plagada de pequeños reinos y ciudades libres, donde humanos y elfos habitaban por igual. No fue hasta años después de la guerra cuando, gracias a una mujer cuya enorme influencia le llevaría a tomar el control de su pueblo, nació Maelür, una unión de todos aquellos reinos minúsculos que tiempo atrás ocuparon el sur del continente.

Es una monarquía enormemente teocrática, donde la mujer, como creadora de vida, es tratada como una gran autoridad. Esto ha transformado su sociedad de muchas formas, de las cuales probablemente las más evidentes son su jerarquía matriarcal, que se ha ido suavizando a lo largo de las eras, y el desprecio que sienten hacia los mágicos, a quienes acusan de ser enviados del caos que trata de invadir el mundo.

La enorme influencia de la que gozaba la recién nombrada familia real permitió entonces crear una nueva forma de gobierno totalmente distinta a aquella que tenían cuando aún existían elfos en sus ciudades. La religión comenzó a regir las vidas de sus habitantes, y se edificaron grandes templos a Shonagh como signo de devoción. Los pequeños templos a dioses menores se reformaron para aclimatarlos a la religión oficial, y aquellos dedicados a la diosa del caos fueron derruidos o transformados en edificios públicos.

Se creó también, subyugado al templo central del Cosmos en la capital, una hermandad integrada por soldados y sacerdotes cuya principal misión consistía en mostrar el camino del orden a todos aquellos que aún no habían sido iluminados por su luz.

Las criaturas mágicas eran evitadas como si estar cerca de ellas hiciese enfermar a los niños, y los magos y brujas fueron relegados a la escala más baja de la sociedad. Como agentes de Niamh, eran considerados una lacra para la sociedad e indignos de confianza, por lo que debían ser vigilados de forma constante, y muchos hijos de no mágicos, que carecían del apoyo y comprensión de sus familias, acababan como aprendices en los templos para purificar su alma del caos que la devora.

Todos los títulos y posesiones pasan en herencia según la conveniencia de sus padres, aunque la mujer tiene los derechos administrativos en la mayoría de los casos. La ley instaurada con el nuevo reinado, sin embargo, obliga a los progenitores a repartir su herencia entre todos sus hijos, aunque no tiene por qué ser equilibrada, si bien era cierto que podían excluir al niño si éste había nacido con el don.

La misma ley prohibía terminantemente que los majos y brujas tuvieran posesión de tierras o títulos nobiliarios, aunque esta parte fue eliminada al formar la alianza con el reino norteño.

Los habitantes de Maelür hablan Maël, aunque las relaciones comerciales con el reino del norte y todo lo que esto lleva consigo han hecho evolucionar el idioma hasta convertirlo en una mezcla de ambos.

La moneda utilizada en Maelür se unificó con la que utilizaba el reino de Isaria cuando sus monarcas firmaron el tratado de la alianza, siendo las Biancas, un fino disco fabricado con hueso de animal, las que tienen el valor más bajo; los Ardites, grandes y gruesas monedas de cobre; los Nobles, de plata; y los Cielos de oro la moneda de valor más alto de los dos reinos.

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