Parte XI: Revelaciones

10/05/2015

Tardó unos segundos en responder. Aquella seguridad que transmitía el mágico no la gustaba, pero necesitaba saber de qué información disponía, si alguien más conocía su existencia. Y lo más importante, necesitaba saber si podía confiar en su silencio. Todo aquello bien podría ser simplemente una artimaña para ganarse su confianza.

Pero por mucho que trataba de averiguar las intenciones ocultas del mago, lo único que lograba ver era un hombre de pelo cano con gesto grave y cansado, que la observaba desde el otro lado de la mesa con una intensidad inquietante. Era imposible saber si fingía o decía la verdad. Sin embargo había algo en él que la impulsaba a bajar la guardia, y quizá aquello era lo que más la escamaba de todo.

Finalmente asintió. Estaba a salvo por el momento, de eso estaba segura. Y si realmente se tratase de una encerrona, la guardia había tenido tiempo de sobra para rodear la torre en el tiempo en que llevaba allí. No perdía nada por escucharle.

Tendrá que valer.- Suspiró el hombre poco convencido.- Si te quedas más tranquila, el embajador de Yvor no tiene la menor idea de que estás aquí. Ha venido por otros asuntos que debe tratar con el conde y que nada tienen que ver contigo.

Shana se encogió de hombros. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Acaso se lo diría si un grupo de soldados estuviese a punto de echar la puerta abajo? Lo único que quería era que terminase de una vez por todas y cumpliera con su palabra, que la ayudara a escapar del castillo como le prometió la noche anterior. Una débil esperanza que contra todo pronóstico se mantenía insistente en los rincones más ocultos de su mente, a pesar de que la experiencia le había enseñado que nadie hacía nada porque si.

No tengo intención de entregarte.– De nuevo, aquél mago parecía leer sus pensamientos como si los pronunciase en voz alta.- Sólo los dioses saben lo que el duque de Yvor podría hacer contigo y con esos poderes tuyos.

La muchacha se puso rígida. Los recuerdos de su última tarde en el templo de Shonagh pasaron de nuevo ante sus ojos a toda velocidad, con un realismo y una nitidez sobrecogedores. El color desapareció de su rostro con violencia y un escalofrío le recorrió la espalda al verse obligada a revivir aquella fatídica noche, cuando su familia recuperó al monstruo en que se había convertido su hermana.

¿Tienes frío?.- Preguntó el hombre con gesto extrañado, dirigiendo una sutil mirada al ventanuco que tenía detrás.- ¿Te preparo un té?

N…no, gracias.– Negó con la cabeza. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba temblando como un animalillo asustado.- Estoy bien.

Tonterías.- Se levantó decidido y cogió dos pequeñas tazas de aspecto delicado del armario que había tras él.- De poco te habrá servido escapar si un resfriado acaba contigo.

Colocó todo en su mesa de trabajo, dejando una muy cerca de la chiquilla. Luego se acercó de nuevo a la alacena para buscar una tetera y se entretuvo un momento para asegurarse de que estaba llena de agua. Cuando se sentó de nuevo, la infusión humeaba como si estuviese recién preparada.

Le miró perpleja. No estaba acostumbrada a la magia, no era algo que se viese fuera de las grandes ciudades o los castillos de los nobles. Y desde luego no entre la gente de su posición. Sin embargo, era la segunda vez que presenciaba algo similar en tan solo dos días.

Ajeno a lo que pasaba por su cabeza, el mago sirvió el té con cuidado de no derramar nada y se recostó de nuevo sobre su asiento mientras esperaba que se enfriase un poco.


Continúa la historia en la Parte XII: Revelaciones (2)

 

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