Parte XII: El peligro en la sombra

30/08/2015

No le resultó complicado encontrar lo que buscaba, aunque separarlos de la tela sin que se partieran o sin que la manta se hiciera pedazos era otra historia completamente distinta. Jamás, ni durante aquellas interminables mañanas estudiando las letras con su abuelo, se había aburrido tanto como en aquél momento.

Se pasó algo más de un par de horas tirando y tirando con lentitud, extrayendo lentamente las hebras, y cuando por fin terminó las luces rojizas del atardecer ya inundaban el cielo. Ató su corcel a un árbol cercano y recogió suficiente leña para alimentar el fuego hasta que saliera de nuevo el sol.

Sólo entonces, con el campamento totalmente preparado para descansar, comenzó a colocar su improvisada cuerda en torno a los troncos que rodeaban el pequeño claro, estirando sólo lo suficiente para que la tensión le permitiera sujetar algo de peso. Enredó el último extremo en una de las ramas que, calculó, estaba más o menos a la altura de la hoguera, y utilizó como contrapeso su plato, su vaso, la olla y una cuchara de madera que aún conservaba entre sus cosas.

Suspiró, agotada. Sí alguien intentaba sorprenderla en mitad de la noche la hebra de lana se rompería, y el estrépito de la vajilla al caer al suelo a su lado la despertaría al instante. Por supuesto, cabía la posibilidad de que su perseguidor viese la trampa a tiempo y evitase romper los hilos, pero confiaba en que la oscuridad circundante y el fulgor de la fogata le impidieran ver con claridad.

Sacó algunas galletas y los últimos pedazos de carne seca que aún le quedaban en la mochila, y los mordisqueó con lentitud para engañar al estómago. El agua terminaría de llenar el vacío al menos lo suficiente como para que no le rugieran las tripas al acostarse. Y lo cierto era que, a pesar de que sabía que era algo puntual, no le apetecía lo más mínimo irse a dormir sin probar bocado.

El cansancio que había acumulado durante el viaje comenzó a pasarle factura en el mismo momento en que apoyó la cabeza sobre su esterilla. Ni siquiera tenía fuerzas para arrepentirse de haber decidido no cocinar aquella noche y haber utilizado los cacharros como sistema de alarma.

Incapaz de mantener los ojos abiertos por más tiempo a pesar de sus esfuerzos, el sueño se apoderó de ella en cuestión de segundos. Un sueño intranquilo, pero tan profundo que hasta el escandaloso golpeteo de los platos de latón al caer junto a ella tardó en arrancarla del estado letárgico en el que parecía haberse sumergido.

Cuando consiguió por fin abrirse paso a través de la densa bruma que embotaba su mente, la imagen que se dibujó frente a ella la sorprendió tanto que casi saltó de la esterilla al incorporarse. Cogió una gran bocanada de aire, tratando de ahogar el grito que subía por su garganta antes de que hiciera eco en el bosque.

A su alrededor, un grupo de cuatro o cinco hombres de ropas sucias y gastadas trataban de localizar el origen del estruendo mientras otro, mucho más joven que los demás, intentaba calmar torpemente los histéricos relinchos de su alterada montura. Se volvieron hacia ella al notar que se despertaba, y a la tenue luz del fuego, la muchacha pudo ver con claridad los rostros de sus atacantes.

Antes de que pudiera hacer nada, el que parecía el líder de la banda bramó una orden con voz potente, y los dos intrusos que tenía más cerca se le echaron encima. Shana gritó, se revolvió y pataleó con todas sus fuerzas, pero ellos eran dos, y mucho más mayores que ella. No tenía ninguna oportunidad de ganar.


Continúa leyendo en la Parte XIII: Atrapada.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: