Parte XV: Magia

10/01/2016

¡Para!.– Gritó ella mientras se arrodillaba a su lado.- ¿Se puede saber en qué estás pensando?

¡¿Y a ti qué te parece?!.– Espetó el chico de vuelta, apartándolande un empujón.- ¡Nos atacan!

¡Para!.– Repitió  una vez más, aferrándose con fuerza a su brazo.- No podéis hacer nada contra ellos. ¡Tenemos que huir! ¡Hay que largarse de aquí!

¡¿Estás loca?!.– Chilló Iohan con incredulidad, intentando zafarse de la niña.- ¡Suéltame! ¡Tengo que ayudarles!.– Por suerte, el cuchillo había quedado olvidado sobre la hierba mientras forcejeaban, y no corrían peligro real de hacerse daño.

¡No!.– Obstinada, Shana volvió a tirar de sus ropas para impedir que se levantara.

Trató de arrastrarle hacia la vegetación, donde el pasto más denso y los troncos de los árboles les ocultarían en caso de que alguien mirara en su dirección, pero no tenía fuerza suficiente, y el chico no estaba poniendo nada de su parte. Más bien al contrario.

Esa gente trabaja para el templo.– Susurró por fin la chiquilla, a punto de perder los nervios.- ¿Es que no has visto sus ropas? Buscan magos, gente de la secta y adoradores de Niahm. Si te atrapan acabarás en manos de los tvarka, ¡O en las mazmorras del Gran Teh’ram!

Aquellas palabras tuvieron en el muchacho el mismo efecto que un centenar de relámpagos sobre una estatua maciza de metal. Su rostro generalmente tostado por el sol se puso lívido en cuestión de segundos, y al momento dejó de resistirse a los continuos empujones de Shana. Tenía la mirada perdida, como si el mundo a su alrededor hubiera dejado de existir.

Y de repente, los sonidos de lucha parecían llegar desde mucho más lejos. La niña se quedó quieta, los músculos rígidos. Algo confusa, disminuyó ligeramente la presión que hacía sobre Iohan, y se separó de él lentamente con la intención de echar un vistazo a su alrededor. Por absurdo que pudiera resultar, cabía la posibilidad de que la batalla se hubiese terminado durante su pequeña discusión, aunque lo cierto era que no lo creía probable. Y tenía razón.

Soltó definitivamente al muchacho. Giró sobre sí misma con los ojos abiertos de par en par, en ellos el reflejo inconfundible de la incredulidad al darse cuenta de que, por mucho que lo intentaba, no reconocía absolutamente nada de lo que les rodeaba.

Bueno, estaban bajo la sombra de un árbol, eso no había cambiado en absoluto. Pero las mochilas que antes se apilaban a su lado habían desaparecido, al igual que la hoguera encendida y las esterillas de los bandoleros y, lo más impactante, el caballo que hacía tan solo unos instantes estaba atado a una gruesa rama al otro lado del claro en el que se encontraban. No entendía cómo, pero ya no estaban en el mismo sitio.

Pero, ¿Qué demonios ha pasado?.– Exclamó la niña con creciente nerviosismo.Nada parecía tener el menor sentido.- ¿Dónde estamos?

Se volvió de nuevo hacia Iohan decidida a obtener una respuesta o dos, pero toda su determinación no le sirvió de nada al ver al pobre chico tirado en el suelo, completamente inmóvil. Tenía los ojos cerrados, pero sí se fijaba con atención aún podía ver cómo su pecho se alzaba lentamente al ritmo de su respiración.

Shana se agachó a su lado, refunfuñando, y le golpeó en el hombro con suavidad. Ni siquiera logró que se inmutara lo más mínimo. Lo intentó de nuevo, esta vez con más fuerza, pero el resultado fue exactamente el mismo. Debía de haber sido él, con aquella estúpida magia suya que no podía controlar, el que les había llevado hasta allí sin que se dieran cuenta.


Continúa leyendo en el Capítulo Cuatro, Parte I: En ninguna parte

 

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