Parte VI: En la buena dirección

22/02/2016

Shana se detuvo de pronto, sin saber muy bien qué era lo que le resultaba tan familiar de aquél lugar. Se trataba de una sensación persistente, aunque no era capaz de darse cuenta de qué la provocaba. Al menos hasta que vió las cuerdas tiradas en el suelo.

¡Espera!.– Exclamó avanzando rápidamente para agarrarle del hombro y obligarle a detenerse.- Yo ya he estado aquí.

¿Qué?.– Iohan se giró sorprendido.- ¿Cuando?

Eh…Ayer, cuando acampamos.– Miró a su alrededor para asegurarse, pero no cabía ninguna duda.- Aquí es donde me cogieron los templarios. Me desataron.– Señaló en dirección a sus viejas ataduras.- ¿Ves?

Oh. Entonces la hoguera tiene que quedar por aquí cerca.– Al instante, un destello de emoción se reflejó en sus grandes ojos castaños. La niña buscó su mano de forma instintiva, temerosa de que intentara salir corriendo a buscar a los ladrones. Pero el chico no se movió.- Te soltaron.– Murmuró confuso, como si la idea acabara de abrirse paso a través del caos que inundaba su mente.- Te soltaron y aún así te escapaste. ¿Por qué? A ti no iban a hacerte nada.

Bueno, yo…– Retrocedió un paso inconscientemente, repentinamente amedrentada. Pero en aquella ocasión fue el muchacho el que la impidió alejarse más.- No lo se, tuve miedo.

¿Miedo de qué?.– Insistió él.- Buscaban magos, tú misma lo dijiste. Nos buscaban a nosotros.

Shana dejó escapar un suspiro lleno de melancolía y se encogió de hombros, incómoda. Después de todo, podía ser peor. Al menos trataba de averiguar lo que ocurría antes de lanzarse a salvar a sus antiguos compañeros totalmente a ciegas y sin nada con qué defenderse. Qué menos que darle una explicación. Aunque no pudiera contárselo todo.

Es por lo que me pidió aquél mago, en Jashn.– Susurró por fin.- Habrían sospechado algo en cuanto encontraran el mapa entre mis cosas. El pueblo que está marcado no es uno cualquiera…– Titubeó largo rato antes de continuar.- Allí vive una bruja. Se supone que tengo que encontrarme con ella dentro de nueve días.

La niña se mordisqueó con inquietud la uña del dedo meñique, prestando poca o ninguna atención al rostro anonadado del muchacho. Estaba nerviosa. Aún no sabía si había hecho bien en decírselo, aunque visto lo ocurrido tampoco tenía otra opción. Los secretos son secretos por algo, decía siempre su abuelo, hasta que llega la hora de revelarlos.

Sólo esperaba que después de aquello no decidiera marcharse tras los templarios y ofrecerla a ella y a su historia como moneda de cambio por los bandidos. Sin embargo, el chico parecía más consternado por su respuesta que ansioso por entregarla a las autoridades del templo.

La miraba con un gesto de incredulidad, de casi indignación al descubrir que le había ocultado algo semejante. Debía de ser importante, porque lo había guardado en secreto y no parecía demasiado contenta por haber tenido que contárselo. La soltó el brazo, mudo de asombro, y por un segundo Shana pensó que iba a darse la vuelta y a dejarla ahí tirada. Pero por alguna razón no lo hizo.

¿Por qué no me lo habías dicho?.– Preguntó dolido después de permanecer varios minutos perdido en sus pensamientos.- Yo te lo conté. Que tengo magia.

La chiquilla suspiró aliviada. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración, de que llevaba reteniendo el aire de sus pulmones desde que Iohan le dio la espalda. Pero seguía allí, y por el momento no parecía tener que preocuparse de que la delatara. Respiró hondo antes de contestar.


Continúa leyendo en la Parte VII: Huellas.

 

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