Parte VII: No hay vuelta atrás

22/05/2016

La bruja trató en vano de hacerla volver en si. La arrastró como buenamente pudo hasta una zona más resguardada, bajo un pequeño saliente de roca lo suficientemente amplio como para que las dos se protegieran del temporal. Una vez allí, sacó de las alforjas de Da’hala algunas hierbas secas y un poco de pan y queso para la cena.

Con un gesto de genuina preocupación, la elfa se acercó con la comida en la mano y se la ofreció a la chiquilla sin decir una sola palabra. Entendía que necesitase tiempo para asimilar lo que acababa de suceder, y ahora que estaban a cubierto y fuera de peligro, podía darle todo el espacio que necesitara. Al menos hasta el amanecer del día siguiente.

Pero la muchacha no tocó ninguno de los alimentos que le había entregado la hechicera. Ni siquiera cuando ésta sacó un par de piezas de fruta e insistió en que comiera algo, fue incapaz de reunir las fuerzas suficientes para probar un solo bocado.

Tras la frugal cena, la elfa murmuró una breve letanía para encender una fogata y mantener el calor durante la noche, esperando quizás que la niña se recuperara un poco de la impresión que acababa de sufrir. Pero una vez más, no logró que se moviera de donde estaba.

Permaneció totalmente quieta, observando hipnotizada la magnética danza de las llamas zarandeadas por el viento. La tormenta fue amainando, y la luna brilló tenue en lo alto del firmamento iluminando con su luz plateada la escarpada ladera de la montaña. Pero a pesar del cansancio que la embargaba, no pudo dormir en toda la noche.

El reflejo de los primeros rayos de sol la hizo despertar de sus ensoñaciones. Del fuego sólo quedaban ya los rescoldos, fríos desde hacía rato, y la hechicera servía sendas tazas de té caliente para el desayuno. Cuando acabó, se giró hacia la mula y colgó de sus bridas el saco medio vacío de alfalfa.

La chiquilla se forzó a beber un sorbo, y tragó con dificultad la humeante infusión. Tenía un sabor extraño que no acababa de reconocer, y en un principio pensó que no sería capaz de mantenerla en el estómago. O tal vez fuese sólo aquel estado de apatía constante que se había apoderado de ella al ver a Iohan caer por el acantilado.

La bruja trató de entablar conversación en un par de ocasiones, intentando desviar su atención del accidente. Pero no obtuvo ninguna respuesta, ni siquiera un gesto. La muchacha siguió andando con la mirada perdida, un paso tras otro como quien tararea involuntariamente una cancioncilla aprendida desde la más tierna infancia.

Pese al empeño de la hechicera por aliviar la tensión, fue finalmente la idílica visión del valle oculto de los elfos lo que logró hacer que la niña reaccionara de una vez por todas. Y es que cuando cruzaron el umbral invisible del santuario, la roca cubierta de nieve que les había acompañado desde que dejaron el pueblo dejó paso a una extensa pradera repleta de flores estrelladas.

Asombrada, Shana entornó los ojos para protegerse de la luz del sol, y por primera vez desde que comenzaron el ascenso, contempló el paisaje que la rodeaba con verdadero interés. El brillo dorado del astro rey iluminaba la verde llanura con matices de color violeta y añil, convirtiendo el atardecer en algo mágico.

La mula olvidó de pronto sus obligaciones, y sin esperar orden alguna de su dueña, se adentró trotando en la campiña mostrándole un sendero que de otra forma no habría sido capaz de ver. Y por un momento, la tristeza que embargaba a la muchacha desapareció de su mente, llevándose consigo las oscuras imágenes de la noche anterior.


Continúa leyendo en la Parte VIII: El santuario de los elfos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: