Parte IX: Nuevo hogar

06/06/2016

¿Y no te sientes sola?.– Inquirió la muchacha con curiosidad. Aún recordaba con demasiada claridad los primeros años en el castillo de Jashn. E incluso en aquel momento, perder lo más parecido a un amigo que había tenido desde que partió aún la hacía sentirse vacía.

La bruja enarcó una ceja sorprendida, y su mirada buscó instintivamente la silueta del animal. Pero sabía a qué se refería la chiquilla, y negó suavemente con la cabeza antes de contestar.

– De vez en cuando bajamos al pueblo a comprar lo que no podemos cultivar aquí.– Hizo una breve pausa, intentando hallar la mejor forma de explicarse.- En ocasiones echo de menos a mi gente, pero no me siento sola. La magia de este lugar está conectada con la de mi tierra, y se que si ocurriese algo grave me sería mostrado casi en el mismo instante.

La niña entrecerró los ojos unos segundos y se frotó las sienes, en un esfuerzo por comprender lo que acababa de oír. No le encontraba ningún sentido, pero la hechicera parecía tan segura de lo que decía que no se atrevió a poner en duda sus palabras.

Ven.– Murmuró la bruja al ver cómo, incapaz de reprimir un bostezo, Shana se llevaba las manos a la boca para tratar de cubrirse sin demasiado éxito.- Te llevaré a tu habitación.

¿A mi habitación?.- Preguntó la muchacha somnolienta.

¿Dónde pretendías dormir?.- Respondió la bruja con media sonrisa.- Nada aquí es lo que parece. Pensé que ya te habrías dado cuenta.

La chiquilla exhaló un largo suspiro y asintió sin ganas. Se levantó del suelo y caminó lentamente tras su anfitriona hasta llegar al umbral de la diminuta cabaña que crecía desde el centro de los troncos de los árboles. Al acercarse, las ramas que obstruían la entrada se abrieron por si solas para dejarlas pasar.

Tal como le había revelado momentos antes,nada en aquel valle era tan sencillo como parecía a simple vista. El interior de la chabola no se correspondía en absoluto con el tamaño que se intuía desde fuera, e incluso le pareció ver unas escaleras al fondo que conducían a un segundo piso.

Siguió a la elfa a través de la amplia sala hasta una puerta algo más pequeña, junto a una mesa redonda de madera. Todo allí era del mismo material, y no parecía haber nada fabricado por la mano del hombre. Cuando el árbol las dejó continuar, descubrió un cuarto espacioso y pulcramente amueblado, que se iluminaba tenuemente con la luz plateada de la luna que se filtraba por un angosto ventanuco.

Se que no es demasiado, pero es tuyo.– La hechicera se retiró a un lado para dejarla sitio y le hizo un gesto para que entrase.

Shana cruzó el umbral fascinada, paseando la mirada por la reducida estancia. No tenía más que una cama, una mesita con su asiento y un estrecho armario en la pared del fondo, pero a ella le pareció todo un lujo. Y aunque no veía una chimenea por ninguna parte, la temperatura era agradable, y no notaba rastro alguno de humedad.

Con calma, la niña se acercó al lecho y se sentó en uno de los bordes. El colchón parecía de plumas, y era mucho más mullido que la paja a la que estaba acostumbrada a utilizar. Después de tanto tiempo a la intemperie, aquello era mejor que cualquier palacio.

Gracias.– Susurró la muchacha, volviéndose sobrecogida hacia la puerta.

Descansa.– La elfa sonrió y se giró para marcharse.- Mañana nos levantaremos con las primeras luces del alba.

¡Espera!.– Exclamó de pronto la niña, súbitamente despejada. La bruja se dio la vuelta y la miró con extrañeza.- Aún no me has dicho tu nombre.

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