Cultura élfica

18/04/2014

Los elfos llevan siglos viviendo aislados, confinados por voluntad propia en una pequeña isla mágica oculta del resto de los mortales creada durante la Era del Hundimiento.

A pesar de adorar a los mismos dioses que antaño, creencias que fueron adoptadas por los humanos, los elfos conciben la religión de forma completamente distinta. Tienen una cultura ritualista, donde la fe es tan importante como la forma de demostrarla, aunque estas celebraciones tienden a ser personales y raramente están abiertas al público.

Entre los elfos no existen las figuras de sacerdote y sacerdotisa tal y como se entienden en la sociedad humana. Cada uno de ellos adora a los dioses a su manera, sin ningún tipo de directrices, ni rígidas doctrinas que dicten un protocolo que seguir.

Dadas las evidentes diferencias entre las distintas razas de elfos, se dividieron la isla para adaptar las necesidades de cada uno a lo que la tierra era capaz de ofrecer.

Los bosques y florestas pertenecen a los silvanos, maestros de la caza y la recolección; las aguas que rodean la isla a los acuáticos, semianfibios que desarrollaron toda una serie de medicinas y ungüentos basados en una extraña flor que solo crece en las simas más profundas.

Los elfos oscuros, más sensibles a la luz, crearon sus ciudades en cavernas y minas subterráneas, de donde extraen arcilla blanca y un mineral de color rojizo que debidamente tratado se transforma en un metal especialmente duro y resistente.

Los elfos lunares, amantes de los espacios abiertos, poblaron los valles y las mesetas, donde siembran y recolectan diferentes cereales y frutos, pero también reciben el mineral extraído por los elfos oscuros, lo tratan y lo moldean hasta lograr un metal ligero y resistente con suaves brillos escarlata.

Aunque cada tribu es independiente y perfectamente capaz de sobrevivir por sí misma, los elfos son sociables y gustan de compartir sus bienes y conocimientos entre ellos igual que una vez lo hicieron con los humanos. Cada ciclo solar un grupo de representantes de las cuatro tribus se reúne en una asamblea para poner en común las necesidades y excedentes de su pueblo, de forma que todos los elfos puedan disfrutar del trabajo común.

Los elfos no utilizan ningún tipo de moneda, sino un sistema de trueque e intercambio con el que se aseguran de que los recursos presentes en la isla estén al alcance de todos ellos.

La flor acuática a la que llaman Vharnaêlys posee la capacidad de generar oxígeno que exhala a través de sus pétalos, y los elfos acuáticos las recolectan para utilizarlas en sus ciudades y permitir a sus hermanos de otras tribus visitar los pueblos submarinos.

Las semillas de esta misma flor, trituradas y mezcladas con agua marina y arcilla blanca extraída de las cavernas drows, conforman un ungüento que retiene la humedad, y que permite a los elfos acuáticos pasar en la superficie largos periodos de tiempo sin sucumbir a la fiebre.

El metal rojizo que forjan los elfos lunares, el Rhaddyer, se utiliza principalmente para puntas de flecha, picos y arpones que el resto de tribus utilizan en sus actividades diarias, aunque se pueden ver artesanías fabricadas con el mismo material utilizados en sus ritos y celebraciones.

Los elfos silvanos, diestros en la caza, proveen de carne y fruta a sus hermanos, y utilizan resinas de diferentes árboles para preparar unos caramelos muy dulces que difieren en sabor dependiendo del árbol de origen, y que resultan un manjar autóctono del que disfrutan las cuatro tribus.