Echo

25/03/2019

“Eco es la voz de las montañas que guarda las memorias de antaño.” “Eco es la historia de nuestros antepasados cuando quiere hacerse oír.”  “Eco es el destino que se manifiesta para que nunca te olvides de él.”

—Entonces yo no quiero ser Eco— repetía la niña constantemente ante semejantes alusiones.— Yo quiero ser pirata.

Buscadora de tesoros escondidos. Exploradora de nubes más allá del pico calvo. Señora de los pieles verde en el risco escarpado.  Aventurera del mar enfadado. Cada semana, Echo parecía encontrar un oficio diferente al de la anterior, algo muy poco práctico para la hija de la cazadora de la aldea.

A medida que crecía los demás muchachos comenzaban a centrarse en sus respectivos quehaceres, aprendiendo a ejercer el rol que les había sido encomendado, pero para Echo, la edad no parecía ser un problema. Sus juegos eran cada vez más atrevidos, y la diferencia de edad con la corte que la acompañaba cada vez más grande. Sólo una cosa se mantenía constante: Myles.

Casi tan soñador como ella, el joven hijo del herrero la acompañaba en cada excursión lejos de la aldea, sin importarles el obstáculo que hubiera en su camino.

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La Bealtaine

04/03/2019

Las piras de Maio ardían alegremente en las colinas alrededor de la aldea, como
mandaba la tradición. Sus llamas se repartían por los hogares, y un aura de protección
envolvía el valle por completo.
Eira caminaba con nerviosismo a la cabeza de la columna, siguiendo el sendero
que conducía a la cueva de los Sidhe.
—No te pares.
La chica que tenía detrás la empujó para que siguiera andando. Tenían que seguir.
Sujetó con firmeza el cuenco de fruta y se armó de valor. Aquellas ofrendas, al
menos, asegurarían que la mayoría de ellas siguieran en sus camas al salir el sol.

Hágase la luz

18/02/2019

Observó con satisfacción las escaleras que bajaban al sótano, antes oscuras como un agujero negro.

Estaban mucho más bonitas ahora, bien iluminadas, con sus barandillas de madera caoba y las cajas de recuerdos apiladas al fondo del cuarto, donde sus padres las habían puesto. Así, ya no le daba miedo.

Se secó el sudor con la manga del jersey, lanzó un último suspiro aliviado y se marchó apresuradamente de la casa. El fuego empezaba a descontrolarse, y no quería seguir allí para cuando llegaran los bomberos.

Y… tocaba ya.

31/01/2019

Bueno, si me seguís en twitter sabréis que dentro de poco (aproximadamente dos días, de hecho) me toca una época de adulting un poco potente: estaré de mudanza y no tengo la menor idea de cuanto tiempo tardaremos en recuperar la rutina habitual. Para los que me conocéis en persona, sabéis lo nerviosa que me pongo cuando no tengo todo bajo control. Así que espero que eso se solucione pronto.

Pero independientemente de que sea así o no, la cuestión es que no puedo comprometerme a mantener el ritmo de actualizaciones que venía llevando hasta ahora. Reconozco que soy muy poco productiva y tiendo a estancarme a menudo, así que los relatos de los miércoles eran un reto para mi misma que no me siento capaz de seguir antes de que mi vida vuelva a su cauce normal.

Sin embargo, esto no quiere decir que vaya a dejar de actualizar el blog por completo. Seguiré subiendo textos los lunes, principalmente pedazos de lore e historia del mundo donde transcurre la novela principal. Si, esa novela que he vuelto a reescribir desde cero. La misma.

Pero no quiero enrollarme más. No seáis malos conmigo y tened paciencia, que en cuanto todo vuelva a la normalidad el blog será lo primero que recupere el ritmo.

Una familia normal

24/01/2019

Un par de gritos infantiles se alzaron por encima del sonido del televisor, y Bárbara giró la cabeza bruscamente, con una mirada asesina enmarcándole el rostro. Apenas tuvo que moverse del sitio, pero su gesto fue suficiente para que los niños, revoloteando al otro lado del salón, cambiaran su apasionante duelo de pelotazos por algo más calmado y levemente menos susceptible de acabar con el mobiliario.

Su expresión se suavizó de inmediato, y esbozó una sonrisa llena de ternura mientras observaba a los chiquillos jugar a lo que ahora parecía una escaramuza pirata. Había sido un día largo, lleno de preparativos para el cumpleaños del más pequeño, y aunque se lo habían pasado en grande, el cansancio comenzaba a hacerse notar.

Bostezó casi sin darse cuenta y se acurrucó una vez más junto a su mujer para terminar de ver la película.

Erupción

17/01/2019

—¡Se inunda!— gritó una anciana con pavor, señalando al horizonte con una mano temblorosa— ¡El templo se inunda!

En el pueblo se desató el caos. Los adultos salieron corriendo de sus casas. Los niños que jugaban fuerra fueron arrastrados al interior sin más miramientos al ver el torrente de agua que descendía con fuerza devastadora desde las montañas. Carreras. Gritos. Nadie parecía saber con certeza qué estaba ocurriendo.

En una pequeña casita de madera, cerca del límite de la aldea, una joven de cabellos caoba observaba aterrorizaba la escena a través de la ventana del salón. Sus ojos azules estaban abiertos en un gesto de súplica; en su garganta, un susurro luchaba por alzarse hacia la mole de tierra que parecía querer devorarlos a todos.

—Alhrik…

Un hombre alto y fornido atravesó la puerta principal a la carrera. Tenía el mismo pelo rojizo y desordenado de la muchacha, y en su rostro se adivinaban unos rasgos que recordaban vagamente lo que podía haber sido en su juventud. Vestía un delantal de herrero, y a pesar de su esfuerzo, era incapaz de esconder una expresión llena de reproche.

—¿Dónde está Alhrik?— La niña desvió la mirada, cohibida.

En sus recuerdos, el chiquillo de pelo cobrizo sonreía, clavaba en ella sus ojos traviesos y, con un gesto de silencio, le plantaba un beso en la mejilla y salía por la ventana a hurtadillas para encontrarse con sus amigos. Pero no podía decirle eso.

Su padre la sujetó por los hombros, casi con desesperación.

—¿Dónde está tu hermano, te digo?- Pero ella seguía sin contestar, sumida en un torbellino de culpa y sentimientos encontrados.

Un sonoro bofetón la devolvió a la cruda realidad. Alhrik se había ido de excursión a la montaña sagrada, la misma que ahora vomitaba uno tras otro enormes torrentes de agua cristalina. Sus pupilas azules se inundaron en lágrimas, al clavarse llenos de culpa en los de su progenitor que, lleno de ira, dolor y rabia, gritaba y maldecía su poca cordura y su imprudencia al encubrir la huída de su hermano.

Antes de ceder al llanto Ayrin se mordió el labio inferior con fuerza, casi hasta hacerse sangrar. Apretó los puños y salió corriendo en dirección a la playa. Corrió durante kilómetros, sin mirar atrás una sola vez. No podía. No después de lo que había ocurrido por su culpa.

Cuando llegó al estrecho muelle que dominaba la bahia, docenas de personas trabajaban para cargar los navíos amarrados en la cala. No le fue difícil escurrirse entre la gente, ocultarse en uno de los botes salvavidas abandonados en la arena y dejarse llevar por las lágrimas que pujaban por salir.

Y entre sollozos se quedó dormida, enredada en las lonas que cubrían la pequeña barca, cuyo vaivén al ser alzada hasta el barco al que pertenecía no hizo mas que mecer su sueño intranquilo y repleto de inquietudes.

Así, sola e inconsciente, llegó por accidente a las Tierras Altas.

La brecha

10/01/2019

Las Realidades se distorsionaban. Los oscuros tentáculos del caos se entrelazaban con los brillantes rayos de luz como si de una telaraña siniestra se tratara.

El aire vibraba en el plano oculto del Tiempo, y el Reloj se resentía, como advirtiendo a su guardián de que algo terrible estaba a punto de ocurrir. Y sin embargo, él no parecía darse cuenta.

 

Un fuerte temblor sacudió el plano de lo Eterno, y ante la atónita mirada del guerrero, el Reloj se resquebrajó. Fue una grieta minúscula, casi indetectable, pero el joven soldado, que observaba a una prudente distancia los pequeños granos de arena caer uno a uno por el estrecho cono de cristal, la notó crecer como si la sufriese en sus propias carnes.

 

Y fue en ese momento, cuando el tiempo ya no era Tiempo y la realidad se rompía en mil pedazos producto de la grieta en aquél reloj, cuando la Eternidad dormida durante tantas eras despertó de su letargo para llevarse aquello que ya no pertenecía al mundo.